Quería dejar pasar un par de días desde noche vieja para escribir. No quería caer en el cliché de los propósitos para el nuevo año ni nada de eso. Necesitaba romper con el esquema y escribir otra cosa. Necesitaba inspiración...
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Detalles. Todo son los detalles. El abrazo cálido dentro del portal viendo la nieve caer. La llamada de un amigo insistente que quiere compartir contigo un momento mágico. La mañana de reyes con tu familia. Todos esos pequeños detalles llenando tu vida y dándote más alegría que cualquier cosa.
Lástima que no se me dé tan bien como a Carrie Bradshaw escribir en primera persona; sino, me explayaría más.
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La drakaina miraba desde su ventana la nieve caer. Podía ver el palacio bañado de pompones blancos, igual que el parque. Tenía sentimientos encontrados. Era feliz. Era su sitio. Tenía un maravilloso hogar para ella sola, y había aprendido a disfrutar de esa soledad. El regreso a casa andando bajo la nieve, había pintado una sonrisa infantil en su rostro que no podía borrar. Al mismo tiempo, no podía dejar de pensar en lo a gusto que estaría perdida en el abrazo de oso de su hechicero frente a esas vistas; riendo como siempre sin parar.
Cerró los ojos. El calor y el crepitar del fuego en la chimenea la inundaban. Volvió a mirar el paisaje blanco y se dejó llevar. Los copos cayendo del cielo le confesaron que la magia no hacía más que recién empezar. Sonrió con dulzura; y tras esto, posó su mano derecha en sus labios y lanzó un beso al infinito. Sabía que el viento lo llevaría a destino; como los de Fátima llevados por el Levante llegaban al joven pastor. Hay que seguir las señales- pensó, mientras se apartaba de la ventana y se perdía entre las sombras danzantes del fuego como si fuera una llama más.

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