domingo, 5 de noviembre de 2017

El Regreso | Diarios de una Drakaina

Tras un breve pero largo exilio, a una de las grandes ciudades de ese medioevo mágico en el que vivía; la drakaina decidió regresar. Había escapado de sus problemas, creyendo que escondida entre el hedor a humanidad y las eternas borracheras que ofrecía la ciudad, podría olvidar.

- Todo lo que has vivido te hace la mujer que eres hoy...
Esas fueron las palabras de su amiga vidente. Aún viviendo en dimensiones diferentes, buscaban la manera de comunicarse y confortarse el alma la una a la otra. Muchas veces este, era su único contacto con la humanidad. Aún mezclada entre ellos, trabajando como uno más, era como si no estuviera allí. Estaba sonriendo y danzando como siempre, pero era más ausencia que realidad.

Fue entonces que decidió regresar. Se miró al espejo, pudo ver que aún había fuego en su mirada; y una vez más se armó de voluntad para volver a elegir, para volver a tomar las riendas de su incierto destino. ¿Por qué allí, cuando podría tener el mundo a sus pies? Porque esas calles, desde la primera vez que las caminó, se sintió como hogar

Si quería regresar y pasar por uno más, debía hacer todo con el tiempo humano. Negociar como ellos, ir de a poco. Cada semana viajaba, de la ciudad al pueblo para cumplir con su objetivo. Se volvía a mezclar entre sus habitantes, se reencontraba con amistades que había forjado antes de escapar. Si bien vestía su forma humana, no quería volver a perder su esencia, así que dejó pequeños detalles casi imperceptibles a una mirada no mágica. Si cualquier ser carente de magia posaba sin querer sus ojos en ella, podía ver como un fuego rosa, que la rodeaba como un aura, se desprendía de su piel. Si el sol se posaba sobre su cuerpo, también podía verse el reflejo de sus escamas, principalmente en su cuello. Pero nada de esto duraba más de un segundo. Ella se limitaba a sonreírte, y tú creías que era sólo producto de tu imaginación.

La drakaina no era el único ser mágico en el pueblo. Ellos se conocían, pero no se detectaban. Había confianza entre ellos. Siempre buscando la manera de hacerse sonreír. Quizá por esto es que no lograban descubrir la magia del otro, simplemente porque se mezclaban transformándose en una sola, sin siquiera ellos saberlo.

Él era un hechicero. Mitad humano, mitad demonio. A primera vista un humano medio orco de modales poco católicos. Para ella, ese amigo con el que no podía parar de reír ni un minuto.

En una de sus visitas, las cosas cambiaron. La drakaina no quería enamorarse, pero esa noche no pudo ser fría. El simplemente estaba encantador. Simplemente no podía pensar. Fue la primera vez que logró fluir. Él la tomó por la cintura y la besó. Fue automático. La magia de ambos se desató, el tiempo se detuvo por completo. La música enmudeció. Se miraron a los ojos y pudieron ver su esencia. Ella desvistió su forma humana y abrió sus alas. El se liberó de sus ataduras mortales y le mostró su forma demoníaca; y en medio de un rugido la volvió a besar.

- Soy raro.
- Yo también...

Y así es como esta nueva historia comenzó.


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